Mi Destino.- Capítulo 2

Capítulo 2

Alice le condujo por un pequeño sendero por el bosque hasta llegar a una gran casa de fachada blanca. Era la típica casa que se describe en los cuentos. Fachada blanca, grandes ventanales, un porche en la entrada rodeado de flores y un hermoso balancín a la derecha de la puerta, y dos mecedoras con una pequeña mesa en el medio, al otro lado. El jardín estaba bien cuidado, con rosas, azaleas, pensamientos, crisantemos dando colorido a la estampa.

Las luces tanto del interior como del porche estaban iluminadas. Alice subió los tres escalones que llevaban hasta la puerta y espero a que Edward la siguiera.

-Vamos! Mi mamá tiene que estar a punto de servir la cena

-Alice! ¿estás segura de que no se enfadarán? No me gustaría ocasionarte ningún problema.

Alice negó con la cabeza y abrió el mosquitero que cubría la puerta, acto seguido abrió esta dándole paso. Edward le hizo una seña para que pasara ella primero y la siguió al interior.

-¡mamá, papá! Ya estamos aquí.

-¿Quiénes hija?- una voz dulce y cariñosa se escucho desde el interior del gran salón. Alice no contesto, sino que directamente entró en el tomando de la mano a su nuevo amigo.

-mirar, este es Edward, el médico con el que soñé

Inmediatamente dos pares de ojos se centraron en él. Edward se tenso al ver como una hermosa mujer de unos 50 años le miraba dulcemente. Su pelo caramelo alrededor de su rostro en forma de corazón la hacían ver muy dulce, y la sonrisa cálida que le regalaba le hacía sentir en casa. Una sensación que ya estaba empezando a extrañar. A su lado un caballero poco mayor que ella también lo miraba. Sus cabellos aún conservaban el rubio, aunque cerca de las patillas se entre veían más claros por las canas. Sus ojos azules como los de su esposa eran cálidos y amables.

-Buenas tardes! Perdonen la interrupción, pero Alice me convenció de que viniera… no quiero molestarles.

- ¡Oh hijo! No molestas. Ya sabemos como es esta pequeña. Cuando quiere algo, no para hasta que lo consigue. Soy Esme Cullen y él es mi marido. El Dr. Carlisle cullen.

-Un gusto señor, señora Cullen. Edward Masen

-En cantado!- le saludo Carlisle tendiéndole la mano- por favor, llámanos Carlisle y Esme. Los formalismos nos hacen sentir viejos.

-Como gusten

-¿Eres doctor Edward?

- Así es. Me he doctorado en la universidad de chicago, he hice el pos-doctorado en el "National Istitute of Heath"

-¡Carlisle!- Exclamó Esme al escucharlo. Su marido la sonrió levemente y asintió con la cabeza. De nuevo la pequeña Alice acertaba en su predicción. Tan solo esperaban que se cumpliera el resto de ella.

- Ha si que estudiantes con una Beca Rockefeller.- Edward asintió ligeramente.- ¿Qué exactamente?

- Ozonoterapia para afecciones respiratorias y anémicas.

- ¿Por qué eso?

-Mi padre murió de fiebre Española, al estudiar en Chicago el Dr Charles Neiswanger, nos dio un seminario sobre su última publicación, "practica electro terapéutica". Me pareció bastante interesante, ya que la anemia perniciosa o la tuberculosis son enfermedades similares a la que se llevó a mi padre. Poco después pude conocerle en persona y el mismo me recomendó para que hiciera ese pos-doctorado y me uniera a esas investigaciones.- contestó como si no fuera la cosa más interesante. Carlisle estaba impresionado.

-¿Por qué no te quedaste con él en el Hospital de chicago?

-Me lo ofreció, señor. Pero mi madre empeoró y me dedique a cuidarla. Aunque estuve trabajando con él ese tiempo, una vez que falleció sentía que nada me ataba en esa ciudad. No sabría decirle, pero algo me impulsaba a dejar Chicago y buscar plaza en otro hospital.

-Edward! Es simplemente asombros! Me gustaría que compartieras conmigo más información. Ya que desde que vine a Forks he estado bastante anclado de las nuevas tecnologías y avances

-¡por supuesto señor!

-¡Alice hija! Porque no le enseñas a nuestro invitado la habitación que preparaste para su llegada.

-¿ustedes sabían?- pregunto Edward refiriéndose al sueño que la pequeña había mencionado.

-Así es hijo. Alice lo había soñado, y desde que la conocemos aún no se ha equivocado ni una sola vez. Lleva tres días acercándose a la estación para esperarte.

-Esto es extraño

-Si Edward, es extraño… pero hablaremos más detenidamente después de cenar. Por tus ropas veo que estarás deseando refrescarte y comer algo.

-Si señor!

-Pues no se hable más! En cuanto estés listo cenaremos. ¡Bienvenido!

Edward tomo su maleta y siguió a una alegre y saltarina Alice por los pasillos de la casa. LA habitación de invitados se encontraba en la tercera planta. Esta era tan espaciosa como había sido la suya. Una cama grande descansaba en medio de la estancia, custodiada por dos pequeñas mesillas. Junto a la ventana había un hermoso escritorio. Al lado opuesto, una cómoda y un armario. Todo era de maderas nobles, haciendo la estancia hogareña.

-Edward! Esta puerta de aquí es tu propio cuarto de baño, y en el armario de dentro encontraras las toallas y todo lo que necesites. Si te falta algo no dudes en pedírmelo. ¡vale!

-¡gracias pequeña!- le agradeció acariciándole la cara- ¿sabes? Tengo muchas dudas respecto a ese sueño y a todo lo que está ocurriendo. Hace unas horas no sabía qué hacer con mi vida y de pronto… llegas tú, un pequeño diablillo que empieza a gobernar mi destino.

-te equivocas en una cosa!.... no gobierno tu destino, solo te guiaré hasta él. ¡refréscate, enseguida cenaremos!

-Gracias Alice!

Alice sabia que ese "gracias" llevaban más cosas explicitas, pero no había nada que agradecerle, ella tan solo era la herramienta para que él cumpliera con lo que estaba marcado.

Edward entró en el baño, se despojó de su chaleco, camisa y pantalones y sin dudarlo un momento se introdujo en la ducha. Sus músculos estaban doloridos por la caída del tren, y en sus pies las ampollas y rozaduras de las botas, latían haciéndole ver las estrellas.

Una vez aseado y afeitado, tomo una muda de ropa aún limpia de su maleta. Se calzo con las usadas y maltrechas botas, y salió en busca de la amble familia que lo había acogido.

Pudo localizar fácilmente el salón de la hermosa casa, ya que llegaban de la estancia una ruidosa conversación. La chillona voz de Alice se escuchaba por encima de las risas. Algo nervioso y azorado, se introdujo en el gran salón.

Frente a una gran mesa de comedor, cubierta por un fino mantel de hilo. Esme colocaba una bandeja con ensalada. Le acompañaba un gran asado dorado y jugoso, mazorcas maíz, puré de patatas. Todos los platos lucían extremadamente apetitosos. Ante tal visión, el estomago de Edward rugió ante tales manjares. Era ajeno a todas las miradas.

-Edward Hijo! Siéntate- Carlisle le saco de su aturdimiento, este le empujo amablemente por la espalda y lo encamino a la mesa donde varias personas le miraban expectantes. Edward! Esta es mi familia. Ven te presentare!- El muchacho asintió y le siguió hasta ellos.- Bueno, a Esme y a Alice ya los conoces, estos son Rosalie.- una muchacha de unos 20 años, rubia como el trigo y con unos ojos fríos y azules como el cristal, le saludo altivamente con la cabeza.- Su hermano Jasper,.- Este al igual que su hermana era rubio y con ojos azules, pero en su miraba había calidez y serenidad. Una leve sonrisa se asomó por sus labios en saludo. Y por ultimo este es mi cuñado Charles Swan, jefe de policía local aquí en Forks.- Un hombre de la edad aproximada a Carlisle, se levantó y le tendió la mano. Su mirada era triste, los ojos marrones denotaban desolación. El pequeño bigote ocultaba una ligera sonrisa de cortesía, y sus oscuros cabellos empezaban a clarear por las canas. No conseguía encontrar parecido con la Señora Cullen. Al tender la mano que aquel hombre le ofrecía, pudo distinguir el banderín de duelo en su manga.

-Encantado Sr. Swan y lamento su duelo.- contesto educadamente Edward

-¡Gracias muchacho!.- El sr. Swan agacho la cabeza y regresó a su sitio.

-Mi hermana murió ahora 6 meses y Charlie aún no se ha recuperado.

-De verdad lo lamento Sr…- recordó que le habían pedido que dejara formalismos.- Esme!

Ella le devolvió una cálida mirada y lo guio hasta un asiento. Alice se sentó a su diestra, y a su izquierda, dejando un sitio vacio se sentó Rosalie, frente a su hermano. Seguido por el cabizbajo Sr. Swan, el cual estaba frente al hueco. Dejando otro espacio más, frente a el. Esme se sentó acompañado de su marido que quedo en la cabezera de la gran mesa. Edward Supuso que estaban esperando a que alguien más se incorporara a la mesa. Por lo que rezo que se dieran prisa para así poder callar su cuerpo.

Para sorpresa de Edward, Carlisle comenzó a bendecir la mesa y acto seguido comenzó a trinchar el asado.

 

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