Capítulo 3
Bella se encontraba acostada en amplia cama en su habitación. Su cuerpo cada vez más débil, no le permitía levantarse de ella. Momentos antes de la cena que estaba transcurriendo, su prima Alice se había pasado a verla.
La niña llena de esperanzas y energía, le había relatado el encuentro con el misterioso caballero de sus sueños. Bella sabía que la niña ponía todas las esperanzas, en el desconocido recién llegado. Pero ella no, ella tenía la certeza que continuaría su camino hasta su madre. Ella había fallecido hacía ya seis meses, y de unas dolencias similares. Su tío Carlisle, había sido claro con ella, no la quería engañar. Sus afecciones eran graves, el no sabía cómo tratar bien esa enfermedad y estaba tan débil que trasladarla a otra ciudad para seguir los novedosos tratamientos, no era una posibilidad. Tan solo le quedaba la esperanza de que la muerte le llegara lo antes posible y no hacer sufrir más a todos los que la amaban.
Isabella Mari, que era como realmente se llamaba, no había sido siempre una niña normal. Cuando otras chicas comenzaban a ser cortejadas, y solamente debía preocuparse de estar presentables o de sus estudios, si es que tenían posibilidad. Ella tuvo que encargarse de su madre. La cual, nunca había tenido buena salud, pero la tuberculosis finalmente la postro en una cama, teniendo que hacerse cargo su hija de la casa y de su madre.
Su padre Charlie, siempre estaba trabajando. Aunque el pueblo donde vivían era relativamente tranquilo, siempre estaba fuera resolviendo las disputas entre vecinos, lo que dejaban a Bella sola y a cargo de su madre enferma. Viendo como su madre cada vez empeoraba más, su tío Carlisle les había pedido que la trasladaran al hospital donde él trabajaba, para así ser atendida por las enfermeras y médicos del equipo de él. Pero su madre era terca como su hija, y siendo conocedora de la muerte tan próxima, prefirió morir en casa.
Al contrario de lo que Bella deseaba, cuando fue su turno, no le quedo otra que trasladarse a casa de sus tíos. Esme Platt, era la hermana pequeña de su madre, y no permitió que su única sobrina se quedara sola en casa. Preparo una habitación en la planta baja para ella, y la trasladaron. De ese modo, ella se podía hacer cargo de la muchacha, mientras su cuñado trabajaba.
La enfermedad de Bella, no había sido tan apremiante como la de su madre. Apareció en ella meses después de la muerte de Renee Platt, mostrándose al principio como una simple anemia. Bella le había quitando importancia al asunto, alegando que simplemente era el cansancio acumulado de largas noches velando la salud de su madre. Pero la verdad era otra bien distinta. Sabía que la muerte la rondaba, que posiblemente se contagio de la misma afección, pero aún siendo tan joven como era, no tenía ganas ni fuerzas de vivir.
Secretamente había estado enamorada de Jacob Black, el hijo del mejor amigo de su padre y ahijado de este ultimo. Pero él no la veía del mismo modo. Durante muchos años, en los que fueron amigos, Jacob había mostrado interés en ella. Él había sido el que la había forzado a darse cuenta de que ella le amaba. La había perseguido y adulado. Sus padres estaban contentos de la floreciente relación que se entreveía en ellos. Pero una mañana de verano, unos nuevos vecinos llegaron al pueblo acompañados de una bella y joven niña. Jacob inmediatamente perdió todo interés por Bella, centrándose en la nueva muchacha. Y como si algo fuera de lo conocido les hubiera arrastrado, a los tres meses de conocerse se habían comprometido y casado.
Bella no sobrevivió a ese envite, todo a su alrededor se derrumbaba y marchitaba. La esperanza de casarse con Jacob desapareció el día que vino corriendo este último, a contarle que se había enamorado perdidamente de Vanessa Wolfe. Eso dejaba a Bella dolida, con su madre a punto de morir y con el corazón destrozado. ¿Por qué seguir luchando si no le quedaba nada en esa vida?
Alice, sin embargo, le instaba a luchar y le decía que ese "chucho", como le llamaba en forma de insulto, no era para ella. Que debía tener esperanzas. ¿Pero que sabía de amor y esperanzas una niña de 13 años? ¿Qué podría saber una inocente criatura de un corazón roto? Además de que a esas alturas, prefería no conocer a nadie que sanara su herida. ¿Qué le podría ofrecer ella a cambio?, nada. Esa era la respuesta. Su cuerpo se marchitaba, sus pulmones no aceptaban el aire tan necesario para vivir. Su sangre era débil arrasando a su cuerpo al declive.
Por eso, cuando una ilusionada Alice, apareció en su cuarto contándole que había encontrado a su misterioso doctor. Bella intento sonreír y no dañar más a su amada prima.
Cuando su cuerpo comenzaba a rendirse al cansancio, la muchacha de servicio que trabajaba e casa de los Cullen, hizo su aparición con su cena. La ayudo a incorporase entre los almohadones, y le colocó la bandeja con su cena en el regazo. No tenía hambre, pero sabía que si no cenaba, todos los habitantes de esa casa se preocuparían más. Y ella no quería que nadie sufriera más, de lo que ya lo hacían.
Era un ser nada egoísta. Anteponía los deseos y bienestar de todos a los que amaba, antes de ella. Por lo que si a su tía Esme la hacía feliz verla cenar. Ella lo hacía aunque su estomago no aceptara una miga de pan. Si a Alice le alegraba una cálida sonrisa, ella buscaba fuerzas en su apenado interior para regalársela. Si su padre deseaba verla recuperarse, ella nunca se quejaba de sus dolencias aunque sus pulmones le abrasarán. Tenía el firme propósito de hacerles más llevadero y fácil, sus vidas. No les dejaría que se preocuparan más de lo que ya lo hacían.
Si ella misma pudiese, incluso se hubiera arreglado y hubiera asistido a cenar al salón con ellos. Pero sus piernas no respondían, por lo que debía seguir postrada en esa cama. Tomó unas chucharas del sabroso caldo de su tía, y le paso el cuenco a su fiel amigo, Phil. Ese gato había pasado de estar en la cama de su madre a la suya. Y a la vez que ellas se volvían más delgadas, él gato gris engordaba.
-¡Viejo astuto! Ahora se donde acaba el alimento que daba a mama… ¡he pequeño granuja!- le decía mientras acariciaba su lomo, a la vez que lamia el cuenco de su comida.
Para no molestar de nuevo a la muchacha, Bella depositó su bandeja en un lateral de la cama y se recostó de nuevo. Estaba cansada, siempre lo estaba. Pero dormir era lo único que podía hacer en ese estado, y esperaba que el sueño eterno, le llegara una de esas noches.
Mientras en el salón, Edward cenaba ajeno a las preocupaciones de Isabella. El ambiente era relajado, pero no se respiraba felicidad. Él seguía preguntándose el por qué de los asientos vacios. No le hubiese extrañado, si no se viera que la familia tenía un orden específico en la mesa.
-¡Carlisle!- interrumpió el silencio el Señor Swan- ¿Cómo avanza mi hija? –Su mirada era triste y oscura. Edward se dio cuenta que su anfitrión le miraba afligido y negaba con la cabeza
- Cada día está más débil. Aunque ella se cree que no nos damos cuenta, sabemos que no se está alimentando correctamente. Pero se niega a que alguno la ayudemos. Sabes lo testaruda y orgullosa que es tú hija. Creo sinceramente que no tiene ganas de recuperarse.
-¿Pero…. Cómo va la enfermedad?
-Eso es lo que me hace pensar que ella misma está queriendo su muerte, Charlie. Aunque tiene una deficiencia respiratoria, si consiguiéramos que la anemia se redujera… no sé… quizá…
- Perdone la intromisión.- Se excusó Edward limpiándose la boca con la servilleta.- la deficiencia respiratoria, causa opresión y letargo. Por lo que las funciones vitales se ralentizan, por lo que la ingestión de alimentos se hace casi imposible, por la necesidad de aire. Eso puede dar la impresión de que tiene un cuadro depresivo. ¿Han probado con la administración de oxigeno?
- no, esa es una nueva técnica y el hospital no cuenta con ella. ¿Puedes hablarnos sobre ella?
-Por supuesto. Los estudios que hemos estado realizando, y que mi mentor expuso en su informe, se ha comprobado que la administración de oxigeno puro en una manera lo más posiblemente directa, ayuda a la recuperación de enfermedades pulmonares. Aunque el oxigeno se escaso el que llega al aparato respiratorio, al ser puro y directo, la sangre se limpia mejor.
-¿Qué enfermedades son con las que habéis probado? – Ahora fue el turno del Charlie
-Tuberculosis, señor.- Edward se dio cuenta que los ojos del demacrado señor brillaron ante su respuesta.
-Como…. Como se podría acceder a ese tratamiento?
-Bueno señor. En Canadá se están fabricando unos prototipos, aunque es extremadamente caro en estos momentos. También está la posibilidad del hospital flotante.
-¿Cómo es eso de un hospital flotante?
-Lo poco que se es que se ha fletado un zeppelín equipado como un hospital, para que se siga un tratamiento de oxigenación. Los pacientes, se encuentran rodeados de aire limpio y puro, y al ser el contacto con otras personas, casi inexistente, se produce una mejora considerable. Algunos caso se ha conseguido radicar completamente la enfermedad.
-Eso es interesante, pero creo que no nos servirá de mucho. Mi casa no está en el pueblo exactamente, y estamos rodeados de vegetación. Por lo que las condiciones son inmejorables, aún así, mi sobrina no parece mejorar.
-¿Sabe en qué estado se encuentra?
-¿la enfermedad?- Edward asintió y espero impaciente la respuesta. – No podría definirla, como ya he comentado mi sobrina es testaruda, y casi no me deja reconocerla.
-¿Me permitiría a mi intentarlo? A veces el ser un desconocido ayuda con ese tipo de pacientes.
-¡Por supuesto! Todo sea por el bien de nuestra niña. Aunque te advierto, joven, que nunca encontrara una paciente tan mala. No nos dice los síntomas, y escondes sus dolencias.
-Con más razón. A mí no tiene por que mentirme.
-Estas seguro que quieres ayudarnos. Mi hija es lo único que me queda y… yo….- No pudo continuar, sus ojos se nublaron ante las lagrimas y un sollozo escapo de su pecho. Esme se levanto rápidamente y abrazo rápidamente a su cuñado.
-Edward hijo, Isabella está en esta casa. Si de verdad nos ayudas, te estaremos eternamente agradecidos.
-Es lo menos que puedo hacer por ustedes. Después de todo, han acogido en su casa a un completo desconocido. Soy yo el que les tengo que agradecer.
-Ni se menciona. Entonces señores. No se hable más. Mañana le presentare a su nueva paciente.
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