Capítulo 5 Paseo por Chicago

Me levanté con las primeras luces del Alba, arreglándome con mi mejor traje y baje a desayunar con mi amada madre. Cuando salí al pequeño porche aún no había bajado.

-Buenos días Señor ¿Le traigo su desayuno o prefiere esperar a su madre?

-Por favor, tráigalo. Tengo que salir temprano.

A los pocos minutos la muchacha me trajo fruta, bollería recién hecha, jugo y café. Cuando estaba a punto de finalizar mi madre se apoyó en mis hombros y me beso en la coronilla.

-Buenos días Edward, veo que te has levantado pronto. ¿A qué se debe?

-Veras madre, ayer el Sr. Swan me pidió que llevara unos documentos a padre.

-Ya veo… ¿Desde cuándo te ofreces a ayudar en las labores de tu padre? Nunca has prestado interés.

-Y no lo hago madre, tan solo voy a llevarle los documentos.. y..

-¿Y? dime hijo… se que tiene que ver con la Srta. Isabella. Lo noto en tus ojos.

-Si madre, también me pidió que llevara a su hija a la ciudad.

-Entonces, no te entretengo más. Que tengas buen día y dile a tu padre que lo amo.

-Si madre.-

Me levante de la esa y bese su frente. Mi madre no dejaría nunca de sorprenderme. No solo era una buena madre, también era mi confidente. Con la mitad de las palabras, ella entendía todo.

Me monte en el coche y me encamine a la mansión veraniega de los Swan. Era una hermosa casa victoriana, con la fachada blanca y hermosas columnas en el porche de la entrada. Llamé a la puerta y una anciana mujer me recibió.

-Buenos días. Soy Edward Masen, el Sr. Swan me esperaba.

-Si pase, por favor espere en la sala.

Me acompañó a un gran salón,     que estaba decorado con gran gusto. No era ostentoso, ni recargado. Todo era de unos tonos cálidos y acogedores. Me llamó la atención un pequeño piano de pared. ¿Quién tocaría en aquella casa?

-¿Le gusta mi piano, Edward? – Su voz me sacó de mis pensamientos

-Buenos días Isabella. ¿Toca?

-Si así es… no es que sea muy buena, pero es algo que me hace sentir bien.

-la comprendo muy bien.

-¿De verdad?

-Si Isabella, para mi la música es lo único que me hacía sentir vivo…- me di cuenta de que hablaba más de lo debido

-¿Por qué habla en pasado, ya no siente lo mismo?.

-Si, no es que... bueno… - no podía creer lo nervioso que me encontraba con solo estar en la misma estancia que ella.-ahora he encontrado otras cosas que me hacen sentir lo mismo… o mejor.- No sé de donde saque la suficiente fuerza para decir eso. Pero al menos ella no se percató.

-Bueno Edward, mi padre me dio esto para usted y cuando guste, podemos marchar.

-¿Esta lista?

La ofrecí mi brazo para que se apoyara en él, el cual aceptó con una sonrisa. La acompañe hasta la puerta del vehículo abriéndole la puerta para ella. Con una leve inclinación de cabeza ella me agradeció el gesto, en su dulce cara tenia dibujada una sonrisa que mando miles de mariposas a volar en mi estomago. Sus ojos brillaban con ese gesto, pero no desaparecía el dolor de ellos. ¡Dios, cuanto desearía poder leer su mente en estos momentos!

El recorrido hasta el centro de chicago fue silencioso, pero no me desagradó. Me daba cuenta que con Isabella, no era necesario mantener conversaciones absurdas para llenar el silencio. Simplemente con su cercanía me sentía bien, tranquilo. Hasta la ciudad me parecía tener otro color diferente. Era capaz de visualizar los llamativos colores, donde antes solo veía color Sepia. ¿Por qué ya no veía la vida en Blanco y Negro?.

Estacione el coche cerca de la oficina de mi padre, y me apresure a bajarme para abrirle la puerta y ofrecer mi mano. Cuando ella la tomó para ayudarse a bajar, otra vez ese cosquilleo recorrió todo mi cuerpo. Puede que me equivoque, pero creo que ella sintió lo mismo, pues un suave rubor se instaló en sus mejillas. ¡Cuan adorable se veía con ese tono en la piel!

Me aclare la garganta, para poder así centrarme en otros pensamientos.

-No tardaremos mucho. Después, le ensañare la ciudad.

-De acuerdo, pero si lo prefiere, puedo esperar aquí.

-No pienso dejarla sola en una ciudad nueva. No sería muy caballeroso por mi parte.. ¿No cree?

Ella me sonrió de nuevo, y tomo mi brazo como apoyo. Verla sonreír me hacia feliz, y a ella aún más hermosa. Hoy mi objetivo será ese… hacerla feliz.

Entramos en el despacho de mi padre una vez nos anuncio su secretario. Le entregue los documentos, y le comente brevemente la conversación con el Sr.Swan. Mi padre, nos confirmó que el próximo fin de semana, pasaría por el lago. Así podría conocerle en persona y tratar todos los asuntos.

No quise demorarnos mucho más. Por lo que después de esa breve visita, conduje de nuevo a Isabella fuera del edificio.

-¿Le apetece ir de compras o prefiere pasear?

-pasear estaría bien. No soy amante de las compras, de hecho… es mi madre la que se encarga de ello.

-Eso es extraño…

-El que?

-No es que conozca mucho las costumbres de una dama, pero tengo sabido por Jasper y Emmett, que a ustedes les gusta ir de compras. Al menos sus prometidas lo hacen constantemente.

-¿Se refiere a Alice y Rosalie?.- Solo asentí con la cabeza.- Bueno se podría decir que no soy nada común.

-¡de eso me he dado cuenta Isabella!

-Edward, le importaría llamarme solamente Bella. Mi nombre no me agrada por completo.

-No hay problema Bella, además creo que ese sobrenombre va más acorde con usted.

Inmediatamente bajo la mirada al suelo, intentando esconder de nuevo el rubor de sus mejillas. He hice lo mismo, pues note, que yo también me había avergonzado de mis palabras. ¿Por qué hablaba de más? Siempre he sido parco en palabras, sin embargo ella conseguía sacar de mi muchas cosas.

La conversación fue fluida, hablamos de su color favorito, de opera, de música, literatura. Era una persona culta e inteligente. Definitivamente no era como otras muchachas, las cuales solo se dedicaban a buscar un buen marido. Ella era independiente, segura de sí misma, fuerte, valiente… pero algo en ella me decía que escondía algo más.

Esa mañana había reído más que en toda mi vida. Era agradable estar con ella. Sin duda intentaría volver a tener otro día con ella, pero antes intentaría exprimir lo máximo de este.

-Bella!¿aceptaría una invitación a comer o prefiere que la deje en su casa?

-Me encantaría comer algo. Pero por favor, no me gustaría que fuera muy lujoso…

-Por?

-No me gusta que gasten dinero en mi, eso es todo….

-Está bien… no voy a discutir con una dama.

-Así de fácil… Edward.. me desconcierta su comportamiento. Primero me da a elegir si quiero acompañarle, después de que mi padre arreglara esta cita. Después me consiente en todo lo que te pido. Me pregunta por cosas, que ningún hombre preguntaría a una mujer…

-Prefiere que la trate de manera diferente…

-No… no quiero eso… es simplemente… que es diferente. Nadie se había comportado de este modo conmigo. Es como si realmente quisiera ser mi amigo y… no cortejarme…

-Bella, usted misma me dejó claro que no quería tener ninguna relación. Usted misma me ha dicho que no le gusta la vida hipócrita de la sociedad en la que vivimos… Tan solo pretendo conocerla y tratarla como creo que se merece. Así me educó mi madre, y creo que una mujer, no es solamente un bonito complemento en la vida de un hombre. Al igual que pienso, que un hombre no es un buen partido o un futuro prometedor para una dama… Mire Bella… tan solo me muestro como soy, intento ser coherente con lo que pienso y actuó según me dicta mi conciencia.

-Edward, por favor no se enoje… no quería ofenderle… pero entiéndame… no estoy acostumbrada a ser valorada…

-No entiendo por qué… es inteligente y preciosa… se merece que la den su lugar…

-No Edward…-me cortó no pudiendo continuar- No me lo merezco, usted no sabe nada de mi…

-Pues cuéntemelo… sé que hay algo que la atormenta, algo que la hace desistir de vivir… ¿Por qué no es feliz Bella?

-No puedo decírselo Edward…no…

-Está bien Bella… se que aún no me tiene confianza… Pero déjeme estar a su lado, déjeme que la consienta y le dé el lugar que se merece…

-¿Me está diciendo que le deje cortejarme?

-Nunca he tenido interés en nadie Bella... Yo mismo no puedo hacer ningún tipo de promesa, ya que he pensado muchas veces en unirme a la guerra…Pero siento que con usted… es todo distinto… al menos.. déjeme ser su amigo. Eso si se lo puedo prometer, y eso puede entrar dentro de sus barreras…

-Entonces acepto gustosa… si le soy sincera, hacía mucho tiempo que no me encontraba a gusto con nadie. Y perdóneme por lo de antes…

-No hay nada que perdonar, Bella. Si vamos a ser amigos, lo mejor es sinceridad plena.

Tras haber aclarado todo, me sentí bastante más tranquilo. Ella había aceptado mi amistad. Pero si soy sincero conmigo mismo. Cuando ella me pregunto sobre el cortejo, me dieron unas ganas enormes de confirmárselo. Pero no… no debo prometer nada a nadie. Ella empezaba a cambiar mi vida, pero aún me sentía vacio. Tenia claro que primero la salvaría a ella, no podría estar tranquilo, si una vez que me marchara ella volviera a cometer tal insensatez. El mundo no debería perder un ángel como ella.

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