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Capítulo 3 Primer baile, primera disputa



 

Acerque a mi madre hasta el circulo de amigas y me disculpe ofreciéndoles traer algo de beber. Cuando encontré a la gente del servicio, tome dos copas de champagne, para mi madre y para mí. Pero la vista que obtuve, cuando el criado se marchó, me dejo paralizado.

La verdad no me había fijado en ella cuando entre. Tan solo me había centrado en sus ojos. Y ahora en la corta distancia que nos separaba, podía admirarla en su plenitud.





Era un ángel, su pelo castaño caía por su espalda y en sus hombros en unos graciosos bucles. El tono oscuro de su pelo, resaltaban la tez pálida. Una hermosa tiara de flores y cristales, recogían en pelo para mostrar su hermoso rostro. Bestia con un hermoso y atrevido vestido de cóctel. Parecía más una hermosa novia.

Sus hombros tan solo estaban cubiertos por una ligera gasa transparente, que remataba con un adorno florar a medio antebrazo. La seda cubría su figura, marcando la esbelta cintura. Y un poco más abajo de su cadera, crecía una graciosa falda que abría en un costado, dejando ver otra capa de fina seda y una más de un encaje fino. Todo el vestido estaba cubierto de una elegante pedrería, lo que la hacía brillar más aun de lo ya lo hacía. Era la criatura más hermosa, que había visto en mi vida.

Tan absorto me encontraba en mi visión, que no me percate de la presencia de la Srta. Tanya.

-Edward querido! Esa copa es para mí…

-Tanya, ¡Buenas noches!, precisamente no eran para compartir con usted. Pero si deseáis beber algo. Aquí os dejo las dos copas. Si me disculpa.

Sé que no fue del todo caballeroso. Pero no soportaba el asedio al que me venía enfrentando con la Srta. Denali. Aunque ya le había dicho formalmente que no deseaba cortejarla, ella aún seguía intentando acercarse a mí. No comprendía su constancia, pues era algo no muy bien visto. Una dama, no debería rogar por el amor de nadie. Pero claramente, una cosa era lo que dictaba la etiqueta de la época, y otra lo que realmente lo que se hacía. Todo se catalogaba a una actitud muy hipócrita, la cual no era de mi agrado. Pues fui educado muy estrictamente.

Una vez entregue ambas copas, a la insistente dama. Me acerque a ese pequeño ángel, que empezaba a cautivarme de manera extraña.

-¡Srta. Isabella!, ¿me concedería el honor de este baile?.

Le hable sin retirar la mirada de sus ojos, y con una pequeña reverencia le ofrecí mi mano. La cual ante mi sorpresa accedió.

Sentía como todas las miradas del salón se dirigían a nosotros. Y no creo que fuera para menos. Mi acompañante, era la más hermosa de las que allí se encontraban, además de ser la homenajeada. Y yo,… bueno, creo que sería la primera vez que me vieran bailar en una de estas fiestas. No es que me disgustara, pero me sentía asediado por mujeres que no me interesaban, por lo que evitaba mostrar mis dotes de bailarín y así no era forzado a sacar a nadie.

Al llegar al centro del salón, la banda comenzó a tocar un dulce vals. La tomé suavemente por la cintura y le ofrecí mi mano de apoyo. La sentía liviana y frágil en los movimientos, y en cada giro, su aroma me golpeaba aturdiendo completamente mi razón. Estaba bailando conmigo, pero no me miraba a los ojos, por lo que intente reunir de nuevo valor para hablarla.

-Esta preciosa si me permite decírselo.

-Se lo permita o no, creo que me lo dirá de todas formas…

-¿Por qué ese resentimiento? Aún esta enojada conmigo por lo de esta mañana.

-¿Usted que cree Sr. Masen? No le pedí ayuda. Al contrario, usted a destruido mi última oportunidad…

-¡oportunidad! ¿Lo ha intentado más veces?

-Con todos mis respetos…. ¿A usted que le importa?

-Srta. Isabella, me importa… porque no entiendo como alguien como usted…¡desea morir!.

-¡precisamente por eso! Porque no creo que alguien como yo merezca vivir mucho más….

-Permítame que lo dude…

-¿Cómo se atreve a juagar mis intenciones si ni siquiera me conoce?

-Tal vez eso podría cambiar. Y no la estoy juagando, tan solo intento comprender el por qué esa necesidad de desaparecer.

-Y cree que con sus buenos modales, se lo voy a decir.

-La verdad, es que me agradaría…. Pero tengo la sensación de que usted me odia y no me va a dejar acercarme para averiguarlos

-¡Veo que es usted muy perspicaz…!

-Srta. Isabella… no me discuta tanto, no ve que no quiero que nos enojemos…

-Eso es tarde Sr.Masen, no creo que olvide lo de esta mañana.

-Mire, no me arrepiento en absoluto de lo que hice, y si le soy sincero… estaré vigilando para que eso no vuelva a suceder. La comprendo más de lo que usted se imagina, puesto que yo mismo he pensado en quitarme de esta vida hipócrita y banal. Pero no de una forma… como decirlo… tan cobarde. ¿No ha pensado en el dolor que le causaría a sus seres amados? A sus padres, su novio, amigos.

-¡¡Sí!!, ¡y por ellos es por lo que lo quiero hacer!. Mis padres son lo único que tengo y si sigo a su lado… acabare haciéndoles mucho más daño.

-¡A que se debe ese dolor!

-Ya le he dicho, que no voy a contarle nada.

Continuamos bailando un poco más, pero nada más terminar la pieza, se alejó de mi. Ohhh quien era esa mujer que me hacia tambalear, que en un instante a cambiado mi vida. Ahora más que nunca, quería permanecer aquí. Debía averiguar que sufrimiento atormentaba a ese ángel. Pero ella no me lo pondría fácil. De eso estaba seguro. Volví a tomar un par de copas y regrese junto a mi madre.

-¡Perdón madre! Aquí tiene

-gracias hijo…. Acompáñame.

Me indicó mi madre alejándonos del grupo y saliendo al hermoso jardín, estaba claro que ella quería hablarme.

-Hijo! Por casualidad la Srta. Swan no será la misma de esta mañana, ¿Verdad?

-Si madre, era ella.- Intente disimular mi tono apagado, pero mi madre no se le había escapado.

-No entiendo que le puede haber ocurrido….¡ Es bellísima!

-Sí lo es madre, nunca había conocido algo igual…

-Edward mi amor… ¿te interesa esa damita?

-Creo que si… no sé exactamente que me sucede… ella es tan… diferente al resto. En sus ojos, veo que su alma es hermosa. Pero veo tanto dolor, que me hace sentir impotente. Desearía protegerla de toda adversidad. Pero siento que ella, no solo no me lo va a permitir… a levantado un muro de frio cristal que no me permite acercarme a ella.

-Hijo!¿ Te estás escuchando?… No eres el mismo de hace dos días. ¿Qué pretendes hacer al respecto?

-Acercarme madre, necesito saber que mal es el que tiene. Quiero romper esa barrera.

-Bueno… pues si es tu decisión… tu vieja madre te ayudara

-¿Cómo?.

-Tu déjamelo a mí… solo has de seguir siendo ese perfecto caballero, que tanto me enorgullece. Por cierto cariño… con ese chaqué estas guapísimo. ¡Me recuerdas tanto a tu padre a tu edad!

Volvimos del jardín y nos encontramos que gran mayoría de los invitados estaban ya dirigiéndose a gran comedor, para la cena. Mi madre se acerco a Sra. Esme y le hablo algo al oído. Inmediatamente esta hablo con su hija, que a su vez hablo con Jasper. No sé que hablaron realmente, pero en menos de unos minutos, ambos me tenían rodeado y me encaminaban a unas sillas.

-Perdone Srta. Swan le importaría que compartiéramos su mesa.- Le habló Alice dulcemente, ella asintió con la cabeza.

Jasper me indicó que me sentara a la izquierda de Isabella, sentándose el a su derecha y Alice a su lado.

-Veo que no me puedo librar de usted.- me espetó.

-Sí, tanto le molesta mi cercanía, puedo dejar libre mi asiento. Creo que muchos caballeros estarán dispuestos a ocupar mi lugar.- la conteste seriamente y dolido. Intente levantarme, pero su fría mano me agarró, volviendo esa extraña sensación.

-¡NO!... por favor.- se había sonrojado levemente, ahora era más angelical.- prefiero su compañía, al pesado del Sr. Newton.

-Veo que ha conocido a Mike.

-Sí, y la verdad le agradeceré si me ayuda a evadirme de él.

-Mmmm, creo que aceptare gustoso.

Y claro que lo haría, ese Mike no lo consideraba un caballero. Era muy sabido, la pasión suya de desflorar a jóvenes damas. Se valía de su agraciado físico y de su gran fortuna, para engañarlas.

Emmet y Rosalie se sentaron frente a nosotros. Por lo que la plática de toda la velada fue muy amena. Isabella, había agradado a las prometidas de mis amigos, lo cual me ayudaría a acercarme más a ella. Mi madre, no paró de sonreírme en toda la noche. Tenía la ligera impresión que ella orquesto todo esto. Y le estaba agradecido. Una vez más, mi madre me demostraba cuan perfecta era.

Amanecer en el Lago

Capítulo 2 .- Amanecer en el lago
Me desperté con las primeras luces del alba. La casa estaba silenciosa, pero ya no conseguía conciliar el sueño. Durante toda la noche estuve pensando en las palabras de mi madre. Me comprometí con ella, a esperar… pero realmente lo hacía por no hacerle más duro mi partida.
Saque de mi secreter mi diario, y comencé a plasmar en el todo lo que sentía. Lo venia haciendo desde los 12 años, era una manera de poner en orden mis pensamientos, mis sentimientos. A veces cuando lo volvía a leer, me sorprendía a mi mismo de lo que el día anterior había plasmado en él.
Si alguien leyera mis notas, se asustaría bastante de cuan negros eran mis pensamientos. La verdad es que no esperaba nada de esta vida, vagaba en ella como un sin techo lo hace por las calles. Era un barco que no encontraba puerto. Sabía que estaba deprimido, que la soledad que sentía me hacía enfermar cada día más. Me obligaba cada día aparentar, para no dañar a mis seres queridos y cercanos.
Me asome a la ventana de mi cuarto, y me apeteció escribir cerca del lago. Me vestí con ropa liviana y salí por el jardín posterior.  Encontré el árbol que solía utilizar para estas ocasiones, y me ente en sus faldas. La vista era hermosa, y me trasmitía una gran paz. Me encantaba venir a esta casa, solo odiaba la vida social veraniega, la cual se incrementaba en esta época estival.
Cuando me sentí de nuevo preparado para retomar mis pensamientos, algo me llamo la atención. El sonido de un sollozo, se escuchaba no muy lejano a mi posición. Agudice la vista, y encontré una figura entrando poco a poco en el lago. Era una mujer, y su vestimenta… era como si fuera su camisón. Llevaba las manos ocultando su rostro. Me levante sigilosamente para no asustarla y me acerque más en la orilla…
-¡Por favor! Que esto acabe ya,… no puedo más… por favor….. VEN A POR MI.
Después de gritar esto, la mujer se hundió en las oscuras aguas…. Dios…. Se quería suicidar…No lo permitiría, por muy dura que fuera su vida, no permitiría que una dama se quitara la vida ante mis ojos. Me despoje de mi camisa, pensando que posteriormente ella la podría necesitar y salte al agua.
La busque y busque pero no conseguía verla. Aun no había suficiente luz para poder ver con claridad debajo del agua. Cogí aire de nuevo, y volví a sumergirme. Sin saber dónde dirigirme, nade de un lado a otro buscando, algún indicio de la mujer. Al final, conseguí distinguir una frágil figura. No luchaba, se dejaba hundir. Nade hasta ella, la agarre por la cintura y la subí a la superficie.
Conseguí acercarme a la orilla, y la cargué en brazos fuera del agua. Evite fijar mi vista en ella, pues sus ropas blancas se ceñían demasiado a su cuerpo. Era liviana y frágil, me centre en su rostro, su castaño pelo se pegaba a su frente. Su piel blanca, la hacía parecer una muñeca de porcelana.
La deposite en tierra firme, y comprobé su respiración. Ejercí presión en su tórax, en repetidas ocasiones, para provocar que su corazón volviera a latir. Me acerque a insuflarle aire a los pulmones, pero cuando le estaba entregando mi aire, mis labios rozaron los suyos, sintiendo una sensación extraña en mi cuerpo. Deseche toda sensación, no era el momento de analizarla y continué con la labor de revivirla. A la segunda vez que le di aire, comenzó a toser y expulsar el agua de su cuerpo. Sus ojos se abrieron de golpe y me eclipse con sus ojos. Nunca había visto unos ojos tan bellos y con tanto dolor en ellos.
En cuanto se dio cuenta de la situación se cubrió su cuerpo escondiese de mi. Voltee para darle privacidad y le tendí mi camisa seca. Sin decirme nada, agarró la blusa con sus frías manos, y de nuevo sentí esa misma sensación cuando me rozó.
-¿Por qué lo has hecho?.- Su voz destilaba odio, rencor… pero aun así era una dulce melodía
-Nunca permitirá que una dama, acabara con su vida delante de mis ojos.
-¿Y por qué no mirasteis para otro lado? ¿Por qué tuvisteis que devolverme a esta vida tan vacía? Tal vez su madre no le enseño que no debía meterse en las vidas ajenas…
Cuando volteé para contestarla, ya había desaparecido. ¿Por qué ese odio?¿Por qué decía que era una vida vacía?, la extraña mujer me ocasionó un sinfín de preguntas. Pero la que más me intrigaba es como se llamaría la dueña de esos ojos.
Recogí mi diario de donde lo deje, y entre en mi casa. Aún no se habían despertado, por lo que me encamine a mi cuarto. Una sensación extraña me inundaba el cuerpo. Me recosté en mis aposentos, y deje vagar mi mente, recordando cada rasgo de esa mujer. Me comprometí conmigo mismo que averiguaría cual era su nombre, y cuál era su pena para querer desaparecer de este mundo. De pronto me di cuenta, que yo estaba a punto de realizar la misma acción, pero de un modo diferente. ¿Cómo me atreví a juzgarla si yo siento que esta vida está vacía?. Pero ahora tenía una motivación… encontrar a la misteriosa dama.
Debí quedarme de nuevo dormido, ya que por la ventana entraba excesiva luz. Me incorpore y saque otra camisa de mi armario. Cuando baje, mi madre se encontraba ya en el jardín desayunando.
-¡Buenos días hijo!
-¡Madre!
-¡te ves diferente!¿Has dormido bien?
-Si madre, pero algo extraño me ha sucedido en la madrugada.
-¿Quieres hablar de ello?
-Madre, esta mañana desperté y al no conciliar el sueño, salí al lago a despejarme. Cuando vi a una joven que se intentaba ahogar, la salvé y en vez de darme las gracias me recrimino mi acto… no sé ¡Pero me siento extraño! ¿Acaso hice algo indebido, madre?
-No Edward, no lo creo, eres un perfecto caballero y tan solo hiciste lo que tu corazón y la razón de dicto. Aunque ella no te lo agradezca ahora, algún día lo hará. No te preocupes, hiciste lo que debías y me siento orgullosa por ti.
-Gracias madre!
Desayunamos tranquilamente, comentándome los planes que tenia hoy en el día. Yo no estaba muy interesado en acercarme al Club, por lo que permanecería en la casa.
Hasta que mi madre llego a la hora del almuerzo, me dedique a leer o tocar el piano. Había compuesto una nueva melodía, algo extraño en mi. Puesto que hacía mucho tiempo que no lo hacía y si componía algo era sumamente triste. Esta melodía era diferente, había nostalgia en sus notas, pero también un resquicio de felicidad.
Después del almuerzo, mi madre comenzó a arreglarse para la recepción que esta noche se celebraba. No me agradaba en absoluto asistir, pero tenía la esperanza de encontrar aquellos ojos color chocolate.
Poco antes de que llegara el crepúsculo, mi madre y yo nos encaminamos al salón de festejos, del club social. Comprobé para mi desgracia, que la familia Denali llegaba al completo. Eran buenos amigos de mi familia, y los tratábamos con bastante asiduidad. Pero empecé a sentirme muy incomodo cuando la pequeña de las tres hermanas, intentaba captar mi atención. Pero aunque era muy bella, la encontraba igual de insulsa que el resto de mujeres. También vi a otras de las familias, con las que mi padre trataba, creo recordar que eran Volturi o algo así. Era una familia europea, que se habían instalado en Chicago, hace apenas dos años.  Con la mirada busque a los más allegados y pude ver a mis amigos, en un pequeño círculo conversando en la entrada, con sus respectivas familias. Estaban los Cullen, Whitlock, los Hale y por último las McCarthy.
-Madre! Te importa que saludemos a mis amigos.
-Claro que no! Además hace mucho que no hablo con la Sr.Cullen.
Nos acercamos a ellos y mi madre fue la primera en hablar.
-Buenas noches! Mucho tiempo sin verles…
-Elizabeth querida! ¿Cuánto tiempo?- Le saludo amigablemente la Sr. Cullen- Has de perdonarme pero no he tenido tiempo. Prometo que en breve retomaremos nuestras charlas.
-Por supuesto Esme, querida. Conmigo no tienes que excusarte.  Siempre estarás perdonada.
-Permíteme que te presente a nuestras amistades.
-Por supuesto.
-Buenos ya conoces a la familia McCarthy y a los Whitlock, verdad.- mi madre asintió y los saludo.- Estos son la familia Hale, la preciosa Rosalie esta comprometido con el joven Emmett.
-Enhorabuena querida, aunque ya sabía por mi hijo de su compromiso, me alegra conocerla para felicitarla en persona. Es un buen muchacho…
Mi madre adoraba a mis amigos, a la verdad es que nos habíamos criado juntos, por lo que los conocía a la perfección. Y si Jasper y Alice, tienen que agradecer a alguien su enlace, es a mi madre. Pues se conocieron en una fiesta navideña en mi casa. La Sr. Cullen y mi madre, eran amigas de toda la vida. Y por cosas de la vida, no se volvieron a encontrar pasados unos años. 
-Les parece si entramos.- nos invitó a movernos el padre de Alice.
Ofrecí el brazo a mi madre y nos encaminamos al hall de entrada. Como era la costumbre, los presidentes del club social recibían uno a uno a los invitados, presentando a la familia homenajeada. Al estar detrás de mi corpulento amigo, no conseguía ver nada delante de él. Cuando fue nuestro turno, mi madre se adelanto a mí para el saludo oficial.
-¡Buenas noches Sr Masen! Nos alegramos de contar con su presencia.
-Gracias querida, lamento que mi marido no pueda asistir, espero que comprendan
-Tranquila querida. Permítame que les presente a la Familia Swan. El es Sr. Chalie,  Sra. Renee y su adorable hija la Srta. Isabella
-Es un placer, el es mi hijo Edward. En nombre de mi marido y en el nuestro  les damos la bienvenida a nuestra ciudad.
-Es un placer Sr. Masen. Lamento que su marido no pueda asistir. Su prestigio le precede y estaba interesado en conocerle.
-Eso se puede arreglar Sr. Swan, con mucho gusto les invito a visitarnos.
-Le tomo la palabra, le agradecer que me mande recado cuando su esposo llegue.
-Así lo hare.
Cuando mi madre me dio paso después de la presentación, estreche la mano del caballero, bese la mano de su mujer. Pero cuando llegue a su hija, me quede paralizado. Ella era la dueña de esos ojos, era la muchacha que salve esa misma mañana. Mi corazón dio un salto, al volverla a ver. Y está claro que ella me reconoció, puesto que en su mirada detecte cierto rencor hacia mi persona.
-Srta. Isabella, un placer saludarla
-lamento no poder decir lo mismo.
Me susurró, desde luego no era el recibimiento que me esperaba. Claro que sabía que no me daría las gracias, pero no esperaba un saludo tan frio y cortante. La dedique la mejor de mis sonrisas y avance hasta mi madre.
La noche se acababa de poner interesante. Y había conseguido mi primer objetivo. Su nombre, Isabella Swan. Ahora solo necesitaba saber cuál sería su frustración.

Conociendo a Edward Masen


La sociedad estaba algo revolucionada, los diarios estaban llenos de noticias poco alentadoras. Estaba claro que un gran cambio se avecinaba, y yo quería ser partícipe de ello. Lo que no sabía era exactamente qué hacer para poder realizar mi sueño sin herir los sentimientos de mi madre.
Cada día en el desayuno leía el periódico después que mi padre se marchara a trabajar. El era abogado, y recientemente  su pequeño gabinete había entrado a formar parte de la compañía de Arthur A. & Co. Por lo que salía más temprano de lo que habitualmente hacia y llegaba más tarde. Pero era feliz, siempre fue su sueño ser abogado, y sé que él deseaba que yo formara parte de él. Pero no estaba interesado en la abogacía.  Lejos de defraudarle, comprendía que tuviera otras aspiraciones. Pero lo que él no se imaginaba es que realmente quería alistarme en el ejercito.
Estábamos en guerra, y una de las más grandes de la historia. Y yo quería aparecer en las listas de héroes o la de los caídos. Eso me daba igual. Puede que suene un poco melodramático, pero la verdad es que no le encontraba mucho sentido a mi vida. Todos mis amigos estaban comprometidos con alguna bonita dama. Todos habían realizado sus sueños o estaban a punto de realizarlos.
Por ejemplo Emmett McCarthy, había pasado las pruebas para el equipo de baseball de Chicago, además estaba comprometido con la preciosa Srta. Rosalie Hale. Esta se había mudado a nuestra ciudad hace ahora seis meses.  No sabía muy bien la historia de esta dama, pero no había sido muy agradable que se dijera. Pero Emmett, gracias a su carisma, había conseguido conquistar a la vanidosa y hermosa Rosalie.
Jasper Whitlock, comenzaba su formación en Psicología en la Universidad, además estaba comprometido con la dulce  Srta. Alice Cullen. Su padre era un reconocido doctor, él cual además de apoyar la carrera de su futuro yerno, le había ofrecido un puesto en el Hospital que él dirigía.
Por lo que quedaba yo. Ninguna dama me llamaba la atención para realizar un cortejo oficial, ni ninguna carrera me interesaba realmente.  Supongo que en otra época podría haberme dedicado a la música, la cual era mi gran pasión. Pero con ella no podías alimentar a una familia. Además de que no veía ninguna posibilidad de crear alguna. Que es lo que me quedaba. Nada, absolutamente nada. De ahí mi afán de alistarme en el ejército, quería sentirme útil, valioso. Aunque realmente fuera un soldado más en una lista de papel.
Esa mañana como tantas otras, me encontraba en poche del jardín leyendo el diario y lamentándome mentalmente de mi lamentable vida. Mi madre se acercó a mi, trayéndome el desayuno. Aunque teníamos servicio en la casa, a mi madre le gustaba realizar alguna que otra tarea… Si hubiese en este mudo alguien parecido a mi amada madre. Jasper me había hablado más de una vez, que yo padecía el llamado “Complejo de Edipo”. Y tal vez fuese así, puesto que comparaba a todas las mujeres con mi madre. Pero realmente lo que me pasaba, es que las veía como a unas mujeres insulsas, carentes de carisma y personalidad. En la sociedad en la que estábamos, las mujeres solamente se dedicaban a una labor más social que a otra cosa. Y la mayor preocupación de estas, era encontrarse lindas en los grandes eventos, o conseguir un acomodado marido.
Las prometidas de mis amigos, eran más o menos así. Bueno, tendré que ser sincero… ambas tenían algo más que un rostro bonito. Pero para darte cuenta de eso, tenias que conocerlas y tratarlas.  Yo no había tratado con ninguna dama, me resultaba tediosa y vánales sus conversaciones en los bailes de sociedad. Por lo que supongo que muchas de ellas, podrían tener algo, pero no me había parado lo suficiente para investigarlo.
-Edward hijo! Aquí te traigo tu desayuno.
-Gracias madre! Mi padre volvió a salir temprano, ¿no es cierto?.
-Si, y ya me aviso que no nos podrá acompañar a la casa de verano.
-Es una lástima, ¿Cuándo quieres que partamos?
-Cuando termines tus cosas… no quiero importunarte hijo..
-Tranquila madre!, podemos partir esta misma tarde si lo deseas.
-Me parece fantástico! Además mañana hay una fiesta en el Club para dar la bienvenida a la familia Swan.
-Ya empezamos con los eventos, madre
-Hijo, ya sé que te desagradan ese tipo de reuniones, pero has de entender que relacionarse con otras familias de nuestra misma clase social, le es muy rentable al negocio de tu padre. Y ya que él no puede asistir, necesito que me acompañes para realizar mi labor.
-Madre! ¿No te cansa tener que hacer siempre lo mismo?
-Hijo, me guste o no me guste, es mi labor en esta familia.
-Yo creo que haces muchas más cosas.
-Puede ser hijo, pero todas son cosas para las que me han educado. Llevar una casa, o un niño, son cosas para las que nacemos. Luego como esposas, debemos aportar, ayudar, comprender a nuestros esposos. Y si tu padre necesita de mi, para que el apellido Masen sea reconocido, lo hago con mucho agrado. Además hijo, tu padre nunca me obligaría a hacer algo que no quisiera.
-Eres fantástica madre! Todo lo que haces, lo haces parecer tan sencillo. Realizas tu labor, pero no pierdes tu esencia… no creo que exista en el mundo otra igual que tu.
-Gracias hijo! Pero te aseguro, que yo no soy diferente a otras mujeres. Y algún día encontraras a tu pareja perfecta… ya lo veras. Solo tienes que darte un poco de tiempo.
-Lo dudo madre, no encuentro nada en ellas que me llame la atención.
-Puede que no hayas conocido aún a la apropiada. Pero si te niegas a relacionarte, nunca conocerás a nadie.
-Madreeeeee! No me regañes como a un niño chico, sabes que te acompañare a esa fiesta. Pero solo por ti, estoy convencido que será igual que todas, las mismas caras, las mismas conversaciones… todo será igual… ¿Cómo conoceré a alguien si siempre es lo mismo?. A veces pienso que he de salir de chicago a buscar algo.
-Edward! Aunque cruces el mundo, si no abres tu mente y tu corazón nunca encontraras nada. Nadie o nada es suficiente bueno, porque ni siquiera sabes los que buscas o quieres. Te conozco hijo, y sé que aparte del amor, tampoco sabes qué hacer con tu vida. Ningún oficio te convence, ningún estudio…Edward, Alguna vez te has imaginado a ti mismo dentro de unos años?
-No madre, soy incapaz de plantearme algo del futuro…a veces pienso, que realmente no lo tengo.
-No hijo, no digas esos, porque no sabes cuánto me duele oírtelo decir. Edward, ¿aún sigues con la idea de alistarte?
-Si madre, creo que puedo hacer algo útil con mi vida, si me voy al frente. Al menos me sentir útil.
-Pero sabes que puedes perder la vida…
-Madre, por la única que temo en ese caso… seria por ti. Se cuanto lamentarías mi muerte…. Pero yo no le tengo miedo. Me siento completamente vacío, no soy capaz de encontrar mi lugar, mi sitio.
-Edward, hijo… solo te pido que te tomes algo más de tiempo para hacer eso. Si en junio, aún no te has encontrado. Cuando cumplas 18, yo misma convenceré a tu padre para que te de su bendición…. Pero dame este tiempo hijo… dátelo a ti mismo.
-Madre, no sé cómo lo haces… pero sabes que no puedo negarte nada.
-Edward, Porque no pruebas a irte a Europa a estudiar música. Ese siempre ha sido tu mayor aliciente. Y el piano suena en tus manos de mil maneras asombrosas.
-Ya sabes que no es un oficio muy respetado, y a mi padre no creo que le agradara lo suficiente.
-Yo sabré lidiar con él… prefiero las habladurías de la gente, antes que perder la vida de mi hijo en una guerra.
-Pero yo no sé si seré capaz de haceros eso…
-Bueno, tenemos algo de tiempo para hablarlo y estudiarlo…¿Si?
-Está bien madre, lo veremos en este tiempo… y ahora, si me disculpas… voy preparar las cosas para irnos a la casa de verano.
-Gracias Edward!
¿Cómo no iba a querer encontrar alguien igual que mi madre? Ella era única y especial. Amble, cariñosa, bondadosa, fiel, servicial, entregada, intuitiva, sorprendente, ama de su casa, esposa fiel, y madre entregada… si, Elisabeth Masen era la mejor madre y mujer que conocía.
Salí de mi casa, en busca de los porteadores, que cargarían nuestras maletas y un coche para el traslado de las mismas, junto con el personal de la casa. Mi Madre y yo, iríamos en el vehículo familiar. Después me dirigí al mercado para encargar los víveres que necesitaríamos, para nuestra estancia en la casa de verano. Todos los años, encargábamos las mismas cosas, y se encargaban de suministrarlo en nuestro hogar.
Hoy el mercado lo notaba más alborotado que de costumbre. Normalmente ignoraba todo tipo de cotilleos, o rumores. Y hoy no sería la excepción.  Pero la suerte no estaba de mi lado, y no pude evitar encontrarme a las dos amadas de mis amigos.
-¡Edward! ¡Edward!
-Hola Srta. Hale, Stra. Cullen. ¿Qué hacen ustedes por aquí?
-Estamos preparando nuestra marcha al lago Michigan.- Me hablo Alice algo más alto de lo normal, lo que consiguió que varias mujeres se voltearan para mirarla- Este año, Rosalie nos acompañara a mi familia y a mí. De este modo podremos estar cerca de Emmett y Jasper.
-Así que los McCarthy y los Whitlock, se trasladan este verano al lago.
-Si, así es, después del verano, ambos partirán a sus labores. ¿Y ustedes van a ir?
-Si, estoy preparando la partida. Por lo que creo que nos veremos en el club.
-Ohhh Tengo tantas ganas de asistir a la fiesta de mañana. Todo el mundo habla de lo mismo.
-¿Por eso la revolución que se siente en el mercado?
-Pues claro Sr.Masen!!!
-Rosalie… llámame Edward, si mis amigos me escuchan hablaras de usted, se enojaran conmigo… ya saben que no son de muchos formalismos.
-Perdón… No estoy acostumbrada a tanta familiaridad… Lo que le quería contar, es que esa fiesta, promete ser de las más importantes del verano. Toda la alta sociedad estará en esa recepción.
-¿Tan importante es esa familia?
-Al parecer si. No sé mucho sobre ellos, al parecer se han traslado desde Washington. El Sr. Swan es un gran inversor, y ha decido instalarse en esta localidad junto con su mujer y su hija. La cual dicen que es un poco… extraña.
-¿Extraña?
-Si, al parecer tiene unos ideales un poco revolucionarios… no se qué tal se adaptaran a esta sociedad. 
-De igual modo, yo estoy deseando conocerla. Tengo el presentimiento de que esas habladurías de la gente, no son más que envidia. Estoy convencida de que podremos ser grandes amigas.
-¿Cómo estás tan segura amiga?
-No sé, pero es lo que siento Rose
-Bueno Srtas. Me temo que las tengo que abandonar, aún me quedan unos cuantos recados. No vemos en el Club mañana…. Señoritas… ¡Buenos Días!
-¡Buenos Días! Y hasta mañana
Salí del mercado con más información de la que deseaba, pero me parecía descortés, interrumpir a las prometidas de mis amigas con un “lo siento… no me interesa” o “no estoy para chismes”. Si, la verdad es que no hubiera sido muy caballeroso por mi parte.
Cuando llegue a mi casa, mi madre y las dos doncellas que teníamos, tenían casi todo preparado. En el Hall de la casa, se encontraban varios baúles con las pertenencias nuestras.
Mi madre mando recado a mi padre, para informarles de nuestra partida. Por lo que no le vería seguramente hasta dentro de unas semanas.
Después de un liguero almuerzo en el jardín, no pusimos en camino a la casa de verano. La casa de verano, era una pequeña pero lujosa casa en las orillas del lago Michigan. Realmente estábamos a una hora de camino desde el centro de la ciudad de Chicago. Por lo que mi padre podría trasladarse fácilmente desde la casa de verano al gabinete. Pero no le agradaba mucho están tan cerca del lago. Prefería la comodidad de la polvorienta ciudad.
Ambos coches llegamos al mismo tiempo. Mi madre se dedico el resto de la tarde, supervisando que colocaran cada cosa en su lugar. Yo me aparte discretamente y me fui al la sala de juegos. La sala estaba decorada con colores claros, los pequeños butacones blancos se repartían por toda la habitación. Cerca de estos se encontraban pequeñas mesas de café. Dos grandes puertas de cristal daban a un pequeño jardín, el cual conducía a un camino hasta el lago. La estampa del atardecer sobre el lago, era absolutamente preciosa y relajante. Deje abiertas ambas puertas para que entrara el fresco de la noche. Me sentía inspirado, por lo que no espere a que quitaran las blancas sabanas que cubrían los muebles. Yo mismo destape mi preciado piano de cola, y me dispuse a tocar una de mis melodías favoritas. “Claro de Luna”.
Desde la posición del banquillo, podía ver como se acercaba el crepúsculo, mientras la música de Debussy sonaba en el salón.
Cuando tocaba, me sentía bien, pero aún así… había algo que me faltaba.